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Eres mia... 9

Mensaje por palomita de papel el Vie Mayo 27, 2016 2:17 pm

Paso mucho tiempo desde entonces desde aquella noche cuando mi historia con Il Divo termino así como empezó, de una manera increíble. Yo me quede en Suiza a terminar mis estudios, pero de vez en cuando recibía muchas postales de ellos, cada una con una historia de su vida.

En el metro de Paris:
Pensando mucho llegue a una conclusión, demasiado parecidos para solo ser buenos amigos y demasiado buenos amigos para ser amantes. Es una buena conclusión, considerando que estoy en un vagón, con mala luz y mucho silencio. Otra parada, una más y otra, la luz del techo parpadea, una chica con una enorme mochila azul a la espalda aborda, es de un azul intenso uniforme, a excepción del llavero de una mariposa amarilla en un bolsillo del lado izquierdo, parece tan real que casi puedo verla palpitando en el batir de sus alas.
La chica mira un mapa de la ciudad, tiene la palabra turista escrita en la frente. Una linda frente, amplia, como la gente que piensa mucho, tiene un largo y lustroso cabello de color del chocolate, como sus ojos, con una piel apiñonada y labios encendidos, ¿Cómo puede existir una combinación así? me pregunte, pero era real, la tenía frente a mí, todo pincelado en una hermosa carita redonda.
De repente ella se levanta y me mira con una vibrante sonrisa antes de bajar, sus enormes ojos se me clavan muy hondo, su mirada es un remolino de misterios y palabras, parece que quieren decirme algo ¿Qué? no sé, pero no me gustan los misterios y bajo de tras de ella, porque no descansare hasta averiguarlo, hasta descubrir e medio de besos y sabanas, que pasión hace arder esos ojos.
Sebastien.

En el mercado:
Voy por las calles de mi país, atestadas al aroma típico de especias y dulces, cuando veo una hermosa y multicolor falda que el viento hace revolotear frente a mí. Ella camina delante de mí, por las aceras, como si lo hubiera hecho siempre, segura, ajena. Como si su alma gitana no supiera hacer otra cosa que vivir y caminar, mientras el viento ahora hace que su falda y su blusa se abracen a sus curvas como una segunda piel.
Llega al mercado y se pasea entre los canastos de frutas con un apetito y un deleite que jamás he visto o sentido, parece que ella ha probado todo y aun desea continuar haciéndolo, mira y palpa la carne de una forma que las hace parecer apetecibles, yo tomo otra igual, pero estoy tan ensimismado contemplándola que destrozo la fruta en mi mano, chorros de almíbar gotean de mis dedos, restos de pulpa se adhieren a mis pantalones, el encargado de la tienda me ordena pagar, pero he dejado mi billetera en casa. Ahora si estoy apenado.
La chica de cabellos y ojos de terciopelo azabache, escuchan y le dice al encargado que ella cancela, lo hace. En agradecimiento me ofrezco a cargar sus compras, no quiero dejar de verla ni escucharla, entonces ella me sonríe y me invita a seguirla, salimos juntos a la luz de la tarde madrileña a seguir caminando, pero uno junto al otro. No la dejare ir, de eso estoy seguro, que no dejare que se marche en las alas del viento, la clavare a mi cama como un alfiler a una mariposa…
Carlos.


En el café:
Tomando un café a la luz de la tarde en New York, todo mi mundo cabe hoy en una taza, llevo días viniendo y siempre la veo a través de las volutas perfumadas, la pequeña camarera, ella me habla de su tierra. Mi mente no deja de vagar a sus historias y a sus labios, tan rojos, como los granos de café maduro que describe. Conversamos mucho. Es la primera vez que ella ha extendido sus alas y ha volado. Yo me siento cansado de volar.
La noche se extiende sobre nosotros y una ligera lluvia empieza a caer, la bruma en su piel y su mirada que brillaba en cada parpadeo, podría jurar que sus ojos tilitan más que todas las luces de la ciudad. Ella debe marcharse, yo no soporto la idea ¿Tengo derecho a evitarlo? ¿Calarme a su vida? Su intensa mirada se unió con mis ojos que de seguro estaban en llamas, entonces me decido, extiendo mis brazos y la atrapo en mis manos.
Me abrazo a ella… que sea ella ruego al destino, por favor, deja que ahora sea ella. La vida parece responderme cuando me devuelve mis besos, con sabor a nuevo oportunidades y risas.
David

No recibí más postales, pero me imagine que de recibirlas, los chicos no dejaría de hablar de la gitana, la turista y la tasita de café que los tenia encandilados. Conociéndolos, como los conozco, supongo que las jóvenes no tuvieron ninguna oportunidad, ninguna siguió con su vida y sus corazones ahora descansaban sobre el pecho de uno de esos maravillosos hombres. Urs fue el único que nunca me escribió nada, creo que por delicadeza, quizá pensó que me lastimaría saber lo poco que duro su duelo por nuestro fallido amor, pero no era así, siempre amaría a Urs. Estaba feliz, si él estaba feliz.

Cuando termine mis estudios, luego de la graduación, decidí hacer algo que jamás había hecho: Un viaje de mochilera. Nadja y Sophia, estaban tan felices que planearon un tour por varios lugares de Europa, me invitaron y sin pensarlo acepte. Estábamos en la terminal de autobuses. Cuando antes de partir, sorpresivamente Urs llego, traía libro en la mano. Brevemente conto que pasaría una temporada con su familia. Me pidió hablar unas palabras. Cuando estuvimos frente a frente me miraba como si quisiera grabarme en su cabeza, finalmente empezó:

- ¿Es un año sabático?
- Si, luego supongo que regreso a mi país y a mi vida.
- Malena, yo no quería que te fueras sin saber que aun te amo y que estaré aquí para ti...

No pude responder nada, no podía prometerle o decirle nada, él lo entendía, me entrego el cuaderno que traía como regalo para mi viaje, entonces me miro y me pidió:

- ¿Me regalas un abrazo?

Yo asentí con la cabeza, nos fundimos en un abrazo, el me apretó tan fuerte que sentía que me fundía a él. Lo que duro el abrazo, contuve las lágrimas que se querían escapar de mis ojos. Él también tenía la mirada húmeda, pero sonriendo me soltó lentamente. Yo aborde el autobús, él se quedó de pie en la estación mirándome marchar.

Cuando abrí el paquete que Urs me dio, resulto ser un diario, llena de pequeños dibujos en las esquinas y los márgenes hechos a mano: cubos, antifaces, motocicletas, vasos de café, carruseles, perritos… todas las cosas que me resumían mi vida, él sabía todo eso de mí. El diario era para apuntar vivencias y pegar fotos. En la última hoja había un cuento:

“Un bardo cantaba a una estrella, era tan hermosa la melodía que la estrella se acercó más, para escuchar, cuando estuvo cerca, el bardo le pregunto:
¿Eres mía?
¿Por qué? Reposto la estrella,
Porque yo soy tuyo…
Entonces lo soy, respondió ella.
Bajo lentamente del cielo y se posó en sus manos, tan pequeña como una luciérnaga.
El bardo la llevo al pueblo mostrándola, quienes lo miraban le preguntaban:
¿Por qué atesoras una luciérnaga?
Ella es una estrella, respondía él.
La gente se burlaba, creyéndole loco, pero era el quien sentía pena por ellos.
Porque no eran amados por una estrella como él”

Mientras contemplaba el paisaje por la ventana del autobús, recordé sus palabras: ¿Eres mía?, Esa fue la pregunta que me hizo aquella vez. ¿Era suya?, automáticamente llego la respuesta: Si, lo era...

FIN
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