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HOLA A TODAS!

Tenemos una gran novedad!. Foro Activo (donde hospedamos el foro) ya enlazo todos sus foros a una APP,
y aquí su servidora ya hizo lo necesario para que desde esta puedan ver nuestro foro desde su celular!!

Topic'it es una aplicación móvil gratuita que permite consultar, y participar en los foros de una forma simple y amigable. ¡Por lo tanto los foros están 100% optimizados …

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HELL WITH YOU IS PARADISE CAPÍTULO 6:

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HELL WITH YOU IS PARADISE CAPÍTULO 6:

Mensaje por Diva_Miller el Vie Mar 03, 2017 11:37 am

HOOOOOOLA MIS CHICAS!!!!! COMO ESTÁIS??? ESPERO QUE MUY BIEN, AQUÍ OS DEJO EL CAPÍTULO 6 DE ESTA HISTORIA, ESPERO QUE OS GUSTE, Y GRACIAS POR LEER corazon corazon





DARÍO





]Cuando le hablé de Frollo, su rostro cambió. Esperaba que no fuese porque se estaba enamorando, porque si es así, Frollo perdería su fama y no sería nada bueno.

-Si no te importa… -Su voz me sacó de mis pensamientos. -Me voy -Se levantó -Debo pedirle disculpas a alguien.

-¿Necesitas que te acompañe?


-No gracias, eres muy amable. Solo dime dónde lo puedo encontrar.


-Normalmente está en la zona de confesiones. No se si ahora estará allí.

-Yo voy a ver si está. Si no lo veo, ¿le dirás que necesito hablar con él?

-Por supuesto. -Le cogí las manos -Ve con cuidado Atenea, y ya sabes lo que te he dicho. Ven aquí si lo necesitas, siempre va a haber un lugar para tí.

-Muchas gracias Darío. Eres muy buen amigo.

Me acarició el rostro. -Nunca había tenido una amiga, esto es nuevo para mí.

-Ahora ya tienes una, y cada vez que necesites algo, me lo puedes pedir, que yo lo haré encantada.

-Gracias. Y Atenea, ten cuidado con la gente. No he salido mucho a fuera, pero por lo que Frollo me ha dicho, hay personas muy malas. Y tu eres demasiado buena para este mundo.

-Gracias Darío, creo que por primera vez, voy a pedirle ayuda a alguien de ahí arriba.

Le sonreí -Te hará caso, ya verás.

Me devolvió la sonrisa y se marchó.




ATENEA




Bajé a la parte de abajo de la catedral y me acerqué al altar.





Me arrodillé ante la figura.

-María, perdóname si ante tí nunca me he arrodillado. -Las lágrimas caían por mi rostro -Perdona todos mis pecados, nunca los hice con intención de dañar a nadie. Me estoy dando cuenta de que tengo muchas personas buenas a mi alrededor, incluso hay algunas que son nuevas y nunca he sabido valorarlas. -Junté las palmas de mis manos -Te lo suplico de verdad, protege a todas las personas que quiero. Si alguna vez he hecho algo malo, no les hagas pagar a ellos por mis pecados. Muchos de ellos ya tienen suficiente en su vida, como para ahora cargar con cosas mías. -Agaché la cabeza y empecé a sollozar, estaba muy arrepentida. -Si de verdad existís tu y tu hijo, ¡ayudadme! Velad por la gente que me rodea y me quiere.




FROLLO




Oirla suplicar por arrepentimiento, me estaba conmoviendo. Y sobre todo, ver que pedía que protegieran a los que ella más quería. Si ella no era un ejemplar, ¿qué era entonces?
Este mundo no merece criatura tan bella y tan buena.

Ya que ella no pide que la protejan, seré yo quien vele por ella, y seré yo quien la cuide de todos los males.

Me quedé embobado mirándola. Quería abrazarla, besarla, decirle que en este mundo hay alguien que la ama más que a su propia vida.


-Por favor eleva los ojos y quiéreme, dame todas las opciones de ganarme tu corazón. -Dije para mi.

Sabía perfectamente que tenía que hablar con ella, pero no sabía ni donde ni cuando.

Se levantó y miró en mi dirección. Me encendía y consumía por sus ojos, esos que poseían más misterio que la luz de la luna.

Estaba increíblemente bella. Su enorme mata de pelo la hacía más guapa de lo que era. La verdad es que la única vez que la vi de cerca, apenas la miré. Y ahora que la tenía delante, podía afirmar que era hermosa, a morir.

Le vendería mi alma al diablo única y exclusivamente, por estar una hora entera con ella.

Pero el inútil del policía me la quería quitar. Obviamente no se iba a salir con la suya. Atenea sería mía. Yo sería el único hombre que estuviese con ella y el único que la amara hasta el fin de nuestros días.





ATENEA




Ahora que lo tenía enfrente, no podía negar que era un hombre muy guapo.



-Frollo, necesito hablar contigo. -Me acerqué más a él.

Era muy alto, creo que medía incluso más de dos metros. Y tenía unos ojos verdes muy bonitos, que me transmitían seguridad.

-¿Me….me-me estabas buscando? -No se el por qué, pero estaba nervioso.

-¿No estás acostumbrado a estar con mujeres? -Le dije con una sonrisa. Y por alguna razón, se despertó un brillo en su mirada.

-¿Por qué lo dices?

-Porque parece que estás nervioso.

-Ah… pues… -Empezó a mirar a los lados más nervioso todavía. -Si bueno, es por eso. No hablo con muchas mujeres. Bueno, ¿qué querías decirme?

-Quiero pedirte perdón.

-No entiendo el por qué, no me has hecho nada… que yo sepa.

-He pensado en cosas muy malas de ti, y te he juzgado sin conocerte de verdad. Lo siento mucho.

-Estás perdonada. -Se apartó de mí, como si le fuese a morder o algo.

-Tranquilo que no te voy a hacer nada malo. -Le puse la mano en el brazo, a la vez que le sonreía.

Por ese acto se tranquilizó bastante -Dudo que tu seas mala persona. -Agachó la cabeza. -Yo también debo disculparme por todo lo que te dije en la fiesta.

-No pasa nada, Darío ya me ha dicho que pensabas que estaba poseída por el diablo.


Levantó la cabeza y me miró algo avergonzado -Siento haber pensado eso de ti.


-No te disculpes más, yo también me pasé. No debía haber bailado de esa manera ni haber cantado esas canciones delante de Notre Dame. No sabía que era una falta de respeto hacia Dios.


-Estás perdonada, además después de la oración que le has dedicado a la Santa madre María, has limpiado tus pecados.

-¿Me has oído? -Me sentía incómoda con eso.

-Sí, pero no te preocupes, estamos en confianza. Un cura siempre guarda los secretos de todo el mundo.

-Darío tenía razón, eres un cura ejemplar.

Me sonrió de una manera preciosa -¿Eso te ha dicho Darío?

-Sí, te quiere mucho.

-Y yo a él. Aunque no suelo demostrarlo. Hoy más o menos lo he intentado pero…

-¿Qué no se lo has demostrado? Y todo lo bueno que hiciste por él cuando era pequeño, le diste la oportunidad de vivir, y sobre todo le protegiste de los curas malvados. Eres muy buen hombre.

-Gracias Atenea…

-Además me ha dicho que nunca has pecado, eso no es fácil.

-No, no lo es.

Me moría de ganas de hacerle una pregunta y esta era la ocasión perfecta -¿Por qué te hiciste cura?

-Es una historia muy larga, te aburrirás.

-No, venga cuéntame la historia. -Empecé a hacerle pucheros.

-Vale, vale. -Siéntate.

Me senté en un asiento y él a mi lado.




FROLLO




Tenerla a mi lado me aceleraba el pulso. Me puse más nerviosos todavía, cuando empecé a sentir mariposas en el estómago, era la primera vez que me ocurría.
Creo que me estaba enamorando de ella, ya no era solo deseo, había algo más. Y era amor. Ya tenía otra razón por la que debía impedir que se viera con Patrick.


-Cuéntame, me da mucha curiosidad.

Sonreí y comencé a relatarle mi historia -Todo empezó cuando yo tenía 18 años. No sabía qué estudiar, ni a qué dedicar mi vida. Mis padre querían que fuese médico, yo sabía que había un trabajo destinado para mí, pero no sabía todavía cuál. Cuando un día salí a la calle, crucé la carretera y me atropelló un coche. Al caer al suelo me di un fuerte golpe en la cabeza, y eso hizo que perdiese muchísima sangre.

-¡Dios mío! -Se echó las manos a la cabeza.

-Los médicos les dijeron a mis padres que no tenía posibilidades de salir de esa situación. -Me dolía recordar ese momento -Mientras mis padres intentaban buscar una solución. Tuve una visión. Era Dios. Me dijo que había nacido para trabajar para él. -Era un recuerdo muy bonito para mí, era verdad que lo vi, aunque la gente nunca me creía -Cuando mis padres entraron en mi habitación y me vieron con los ojos abiertos, se pusieron muy contentos y lo único que les dije fue ‘’Papá, mamá; voy a ser cura’’

-Jajaja, -Su risa hizo que la mirara para no perderme esa imagen -¿Enserio?

-Sí, al principio pensaron que era una broma, pero cuando vieron que empecé a estudiar para ser sacerdote, se dieron cuenta de que lo había dicho en serio. Mi madre se empeñaba en buscarme novia, y yo le dije que era pecado. Aún así insistía e insistía. Nunca he salido con una mujer, ni me he dado un beso con una. Y bueno, soy virgen, ¿qué le voy a hacer?

-¿Eres virgen?

-¿Por qué te sorprendes?

-Porque es imposible que nunca te hayas sentido atraído por una mujer.

-Siempre he vivido lejos de las mujeres, no quería que me pasara nada. Yo sufría por el cuidado de Dios. Pero valió la pena. Desde el momento en que me dio la oportunidad de vivir y servirle, empecé a creer en él. Yo antes no pensaba que existía,  y mírame ahora, él lo es todo para mí y todo lo que hago se lo doy a él.

-Me alegro que Dios no te llevara con él.

Al oírla decir eso la miré, y no ví arrepentimiento en su mirada, lo había dicho en serio y sin titubear.

-¿De verdad te alegras? -Necesitaba que dijera que sí.

Empezaba a tener la sospecha de que ella sentía algo por mí. Y si era así, haría lo posible por hacerla feliz el resto de su vida.

-Sí, de verdad que me alegro. -Me sonrió.

Mis ganas de besarla eran inmensas, me quería lanzar, pero no pude.

Me puso la mano en la pierna -Gracias por contarme tu historia, y sobretodo por perdonarme. -Su tacto me estaba quemando la pierna.

-De nada. -En lo más profundo, tenía un vacío infinito.


Se levantó y vi cómo se marchaba. Necesitaba decirle lo que sentía.

Me puse de pie -¡Atenea! -Se giró e hizo volar su cabello ¡Dios que ángel!

-Dime.

-Yo...

-Tu, ¿qué?

-Yo te...te... -No podía, ¿y si me rechazaba? Vale más arriesgarse, pero no aguantaría un ''No'' de su parte, me destrozaría más todavía. -Te quería decir, que siempre que necesites hablar o confesarte. Puedes confiar en mí. Soy bueno escuchando, tengo esperiencia.

-Gracias. Ya te avisaré. -Vi su sonrisa por última vez, la próxima vez que la viese, ya sería de otro.

Asentí y la miré hasta que se fue. Sentía que me habían robado el corazón y no podía atraparlo.





ATENEA




Hablar con él me había hecho un torbellino con mis sentimientos, ya no era odio lo que sentía por él, pero creo que me estaba enamorando.

Ya ni sabía si quería ver a Patrick, pero como no sabía dónde trabajaba, no le podía decir nada.

Me empezó a doler la cabeza cuando estaba llegando a casa, así que al llegar, directamente me subí a mi habitación, me cambié de ropa y me eché a dormir.

Así al despertar podría pensar con más tranquilidad y tomar una decisión.





CONTINUARÁ…
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