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HOLA A TODAS!

Tenemos una gran novedad!. Foro Activo (donde hospedamos el foro) ya enlazo todos sus foros a una APP,
y aquí su servidora ya hizo lo necesario para que desde esta puedan ver nuestro foro desde su celular!!

Topic'it es una aplicación móvil gratuita que permite consultar, y participar en los foros de una forma simple y amigable. ¡Por lo tanto los foros están 100% optimizados …

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HELL WITH YOU IS PARADISE CAPÍTULO 8:

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HELL WITH YOU IS PARADISE CAPÍTULO 8:

Mensaje por Diva_Miller el Mar Mar 14, 2017 1:19 pm

HOLA MIS CHICAS!!!!! TENGO CASI LISTO EL NUEVO CAPÍTULO DE ''UN REGALO QUE TE DIÓ LA VIDA'' ASIQUE EL VIERNES LO SUBIRÉ. (POR FIN)
BUENO OS DEJO ESTE NUEVO CAPÍTULO. ESPERO QUE OS GUSTE corazon  





Llevaron a Patrick al hospital en una ambulancia, que iba a toda prisa. Estaba perdiendo mucha sangre y su respiración iba cortándose.

Al llegar lo bajaron y lo llevaron a quirófano rápidamente.

Le pusieron sangre para compensar toda la que había perdido. Le cerraron la herida y lo llevaron a una habitación con un aparato respiratorio, ya que en medio del proceso, dejó de respirar por sí solo.

Lo único que quedaba era esperar a ver si mejoraba su estado.





FROLLO



-Frollo… ¡Dios mío! -Me giré al escuchar a Darío. -¿Por qué tienes sangre? ¿Qué te ha pasado?

Miré mi ropa y vi salpicaduras de sangre -Es que… me he encontrado a un hombre que estaba sangrando, y.... -Me puse muy nervioso, yo nunca le había mentido -lo he acompañado al hospital. Entonces en el trayecto me habré manchado.

Su rostro mostraba alivio, lo que hizo que desaparecieran mis nervios -Menos mal, pensaba que te habían hecho algo malo. Me he asustado.

-No pasa nada, estoy bien. -Aunque pareciese que me creía, se que estaba sospechando. Miré la hora y ya encontré el modo de salir del apuro. -¡Darío es muy tarde! ¡Vete a dormir! -Dije señalando la puerta.

-Esta bien. Hasta mañana. -Se dio la vuelta.

-Que descanses.

Cuando se fue, me quité la ropa y limpié las manchas de sangre. Menos mal que Darío me creía.

Lo único que me preocupaba en ese momento era que le echaran la culpa a Atenea. El cuchillo se me quedó en la habitación. Pero ella era inteligente, la habrán creído.

Mañana la veré bailar otra vez y caeré en su hechizo. Miraré sus ojos, veré su hermosa sonrisa, observaré su falda volar y su larga cabellera.

Pero antes de eso, tengo que aguantar una larga noche fría y oscura. Y sobre todo, solo.





ATENEA



Me pidieron mis datos, me registraron y me obligaron a ponerme un camisón y me metieron en una celda.

Lentamente sentía que me ahogaba. Nunca había estado en espacios cerrados. Siempre he estado al aire libre, corriendo de un lado á otro. No encerrada en un lugar oscuro de donde no puedo salir. La poca luz que entraba era de una ventana pequeña con rejas.


-¡Dios mío, ayúdame! -Grité mirando al techo.

Me tumbé en la cama que había y entre lágrimas pude conciliar el sueño. O algo parecido.




SOFÍA



Me levanté temprano y me vestí. Fui a casa de Atenea para hacer nuestra rutina.

-¡Atenea! ¡Atenea! -Subí por el muro hasta su ventana. Entré y no la vi, un terrorífico escalofrío recorrió mi cuerpo -¿Atenea? -La busqué por todas partes, pero no la encontré. Me senté en su cama muerta de miedo -Atenea ¿dónde estás hermanita? -Me eché las manos a la cabeza temiendo lo peor. -¿Y si la han secuestrado? ¿Y si la han violado? o lo que es peor ¿y si me la han matado y ahora está tirada en mitad de una calle? -Me levanté, ya no podía pensar más.

Salí de su casa y empecé a caminar mirando a todos los lados por si la veía, mirando en todas las calles a ver si encontraba su cuerpo. Nada, lo bueno es que viva estaba, eso me tranquilizaba. Hasta que volvía a recordar que no tenía ni la menor idea de dónde se encontraba.


-A ver Sofía piensa, ¿qué fue lo último que recuerdas? -Me movía de un lado a otro a toda prisa -Fuimos a la plaza, y dejé a Atenea con…¡Darío! -Corrí a la catedral y choqué con el cura. -Perdóneme padre, voy con prisa -Dije entrando en la catedral. -Miré a todos lados y subí al piso de arriba y lo encontré subido en una gárgola.



-¡Darío!

Me miró asustado -¿Qué pasa?

-¿¡Qué pasa!? -Mi enfado se veía a kilómetros -¿¡Dónde está!? -Pregunté sin darme cuenta que detrás de un muro, estaba el sacerdote escondido, escuchando.

-¿Dónde está, quién? -Si estaba mintiendo lo hacía muy bien, porque no lo parecía.

-Atenea, ¿dónde está? -Las piernas me temblaban del miedo.

Bajó a toda prisa -¿Atenea ha desaparecido? -Ahora éramos dos personas preocupadas.

-La última vez que la vi estaba contigo. -No lo aguante y empece a llorar.

-Estuve con ella, pero después bajó a rezar.

Lo que me faltaba -Ella no reza, no cree en esas cosas.

-Mira… ¿cómo te llamas?

-Sofía.

-Mira Sofía, Atenea se fue a rezar, me dijo que iba a pedirle ayuda a alguien de arriba. Ella me confesó que no creía, pero ahora está empezando a hacerlo.

-¿Nadie más la vio? ¿Nadie estuvo con ella? -Me sequé las lágrimas.

Hubo un silencio durante unos segundos, pensó bastante su respuesta, hasta que por fin habló -No que yo recuerde.

Sabía más de lo que me estaba diciendo, encubría a alguien y ya me enteraría yo de quién era ese alguien.


-Se que ocultas algo, y más te vale que no sea grave, porque si lo es... -Me acerqué a él señalándole -Te machacare como a una mosca. -Salí echando humo.




DARÍO



-Frollo sal de tu escondite. -Él tenía un secreto que yo debería saber.

Salió detrás de un muro -¿Que? -Aparentaba estar tranquilo, pero lo conocía mejor que nadie, y no lo estaba.

-¿Sabes dónde está Atenea?

-No, ¿por qué iba a saberlo?

-Eso es lo que quiero saber. Últimamente estás diferente. Y creo que es por ella.


-¿Qué insinúas? -Se cruzó de brazos y me miró desafiante.


-Te has enamorado de ella, ¿verdad? -Iba a decir algo, pero cerró la boca -Lo que imaginé, ¿de quién era la sangre? -Esperaba que no fuese de Atenea.

-Te lo diré si me juras por Dios, que no dirás nada.

-Sabes que él lo es todo para mí, te lo juro.

Se sentó en el suelo y yo enfrente de él -La sangre era de Patrick, el policía.

No me lo podía creer, él no -Cuéntamelo todo, debo saber el por qué has hecho tal cosa.

Tomó aire y después de unos segundos, habló -Me enamoré de Atenea cuando la vi por primera vez -Lo sabía -Desde esa mañana no he vuelto a ser el mismo. No puedo estar un segundo sin verla, sin pensar en ella. Pero lo que siento por ella va más allá de lo sentimental, también es deseo carnal. Me enteré que se había enamorado del policía, y mi mente se nubló por los celos. Cuando supe que ella se iba a entregar a él, me llené de rabia -Estaba enfadado, muy enfadado, se notaba que la quería y eso era preocupante. -Ayer cuando terminó de rezar, me pidió perdón por lo que ella había pensado de mí. Yo le pedí disculpas también, y me pidió que le contara la historia del por qué me hice cura. Al contárselo, me dijo que menos mal que Dios no me había llevado con él. -Quise besarla en ese momento, lo hubiera hecho. Pero se fue. -Me miró y sus ojos estaban hechos pedazos -Y al ver que se acercaba la hora de la quedada con Patrick, el miedo se apoderó de mí, y le perseguí. Al verlos besándose los celos me consumieron, le clavé un cuchillo y salí corriendo. Lo peor es… que el cuchillo no lo tengo, y Atenea es la única que estaba allí. La habrán culpado. Y si es así, te juro que muero. No puedo permitir que sea ahorcada. Eso es peor que ir al infierno. La amo. -Dijo firmemente.

-No Frollo, es imposible.

Se echó las manos a la cabeza y, por primera vez en mis años de vida, lo veía derrumbarse, estaba destrozado. Lloraba y lloraba. Sus sollozos mataban a cualquiera. Él estaba sufriendo, sabía perfectamente lo que se le venía encima si alguien se enteraba. Y que me lo haya contado, me parecía un acto de confianza muy bonito.

Me levanté, me senté a su lado y lo abracé -No te pongas así, sabes que no diré nada, te tengo mucho aprecio como para eso.

Apoyó su cabeza en mi hombro -Pero sabes que hay alguien que puede mandar a matarme si se entera.

-Ya, pero no te hará nada, porque esto será algo que quedará entre nosotros

-Pero yo quiero que Atenea lo sepa, quiero que sea mía. Que seamos una pareja como las otras. Y que comparta conmigo su vida, que yo sea una de sus razones para sonreir y vivir. Que sea en mis brazos donde encuentre consuelo. Quiero ser el hombre que duerma con ella, el que la bese, el que la toque. El único que le diga ‘’Te quiero’’.

Agaché la cabeza, lo que le iba a decir me dolía muchísimo -Frollo, eso es imposible. Tu trabajo te lo impide, y quién sabe si ella te…

No pude terminar de hablar, volvió a llorar. ¿Cómo era posible? Estaba igual de enamorado que los hombres de los cuentos. Su corazón añoraba el cariño de su amada.

Me quedé a su lado todo el rato hasta que se calmó. Cogió aire varias veces, se secó las lágrimas y se levantó.

A simple vista parecía que estaba mejor. Pero por dentro era todo lo contrario. Contar toda la historia le había hecho recordar, más todavía, lo que sentí por Atenea.

Lo único que podía hacer yo, era rezar por él y por su alma.


-Gracias por escucharme. Me voy a dar una vuelta para despejarme. Necesito pensar en todo esto, son demasiadas cosas las que ruedan en mi cabeza. Debo poner orden en mi mente.

-Vale, si necesitas algo más, aquí estaré. -Asintió con la cabeza y se fue. Me daba miedo pensar que haría otra tontería.




FROLLO



Prácticamente me recorrí todo París, andaba y andaba en busca de Atenea. --¿Qué he hecho? -Me preguntaba una y otra vez.

Si no me hubiese dejado llevar por los celos, ella estaría ahora mismo bailando.
Aunque ya no sabía que era peor. Si no verla y saber que seguía pura como siempre. O verla y saber que le pertenecía a otro.

Me senté en una fuente enfrente de la catedral y observé la plaza. Para algunos estaba increíble. Pero para mí estaba apagada, ya que el sol que la iluminaba, había desaparecido.


Miré al cielo con lágrimas en los ojos -Atenea te voy a encontrar, te lo prometo. No temas.

-¡Frollo! -El miedo hizo que se me secaran las lágrimas. Y sentí que la vida escapaba de mi cuerpo. Me giré y allí estaba mi peor pesadilla.



-Padre Emilio, no lo esperaba -Temía que supiera mi secreto. Con el poder que tenía, me podía dar por muerto.

-Cuento con ello, soy imprevisible. -Se acercó a mí y su mirada me intimidaba, era como si me estudiase -¿No echas en falta a nadie?


Apenas podía respirar -No, no echo en falta a nadie, ¿y usted?

-Sí, hay alguien que hace tiempo que no veo.

-¿A quién?

-A Darío.


Me alegraba que no fuese por Atenea, pero no me gustaba que se tratase de Darío -¿Qué quieres de él?

-Me gustaría algún día hacerte esta pregunta ‘’¿dónde está Darío?’’ y que tú me respondas ‘’Murió’’ -Lo odiaba a morir.

-Eso nunca sucederá, puesto que yo me encargaré que a él no le pase nada.

-No siempre estás con él, no puedes protegerlo toda la vida.

-Si que puedo. Y te lo voy a demostrar. No dañaras a ese chico mientras yo esté en este mundo. Ni a nadie que tenga que ver conmigo -Dije acordándome de Atenea.


-¿A quién escondes? -Lo que me faltaba en ese momento era que sospechara.

-¿Por qué iba a esconder a alguien?

-No te habrás enamorado, ¿verdad que no?


-No me he enamorado. Las mujeres no significan nada para mí. La única a la que quiero es a la Virgen María. Las demás no son nadie.

-Así me gusta. -Se apartó de mí -Dale recuerdos a Darío -Dijo mientras se marchaba.


Suspiré aliviado, pero sabía que él volvería. Ahora el que me preocupaba era Darío.

Subí tan rápido como pude a la catedral -¿Darío? -Pregunté sin aliento.

-Estoy aquí.



Bajó de la gárgola y se acercó a mí -¿Qué te pasa? No tienes buen aspecto.

-He tenido la visita de alguien.

-¿De quién?

-Emilio Bocanegra. -Ese nombre era suficiente para despertar el miedo en Darío.

Bocanegra, fue el cura que intentó matarle. Desde ese momento, no podíamos ni escuchar su nombre.

-Se que le temes, no me gusta hablar de él. Pero si quiero protegerte, he de hacerlo.

-Está bien, ¿qué te ha dicho?

-Que desea tu muerte a más no poder. -Antes de que se asustase lo interrumpí -Le he dicho que te protegería, que no permitiría que se acercara a ti.

-Gracias Frollo, pero sabes que si él quiere mi muerte, la tendrá.

-Mientras yo esté en este mundo, no se acercará a ti. Puede darme miedo, pero más miedo me da perderte.

-Frollo… Nunca me habías dicho cosas tan bonitas.

-He abierto los ojos.

-No te puedo decir más de lo que ya te he dicho. Estoy a tus pies.

-Te voy a pedir un último favor.

-Lo que quieras.

-Ayúdame a encontrar a Atenea. Bocanegra ya está sospechando de mi. He mentido como he podido, pero él es muy astuto.

-No la encontrará antes que nosotros.






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