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y aquí su servidora ya hizo lo necesario para que desde esta puedan ver nuestro foro desde su celular!!

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HELL WITH YOU IS PARADISE CAPÍTULO 12:

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HELL WITH YOU IS PARADISE CAPÍTULO 12:

Mensaje por Diva_Miller el Dom Abr 09, 2017 6:21 pm

HOOOLA MIS CHICAS!!!! POR FIN ME LLEGARON LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA!!! YA TENÍA GANAS DE DESCANSAR. ESPERO QUE ESTÉIS TODAS MUY BIEN. AQUÍ OS DEJOS ESTE CAPÍTULO.





DARÍO



Vi a Frollo delante del espejo arreglándose. Cosa rara en él, porque no había ninguna ocasión especial. O al menos que tuviese que ver con la religión.

-¿Vas a ver a Atenea? -Sonrió levemente cuando se lo pregunté.

-Hoy es el día en el que va a salir de la cárcel. -Se giró para mirarme. -Darío estoy haciendo las cosas muy mal. Siento que me quemo en lo más profundo del infierno y lo peor, es que esa sensación me está gustando.

No sabía qué decirle, estaba muy raro y distanciado de Dios. -Frollo no te preocupes, todo lo que quieras lo tendrás. -Le dije tranquilizándole.

-Lo se. Todo lo que quiero ya va a ser mío. -Me preocupé bastante por ese comentario. -Necesito que hoy te quedes con el Padre Francisco. No vengas a casa. Voy a estar ocupado.

-Vale. Como quieras. Ten cuidado.





ATENEA



-Soy el cura y vengo a prepararte para morir -Su voz fría llamó mi atención. Me giré y allí estaba. Apoyado en la puerta, mirándome fijamente. Su imagen era de un hombre serio y dominante.



-Tengo frío, estoy débil. Déjame salir. No le he hecho nada a nadie. -Apenas podía hablar. No tenía fuerzas. Llevaba sin comer desde que me encerraron.

-Escucha la campana que suena, son las cinco de la mañana, pronto se abrirá esta puerta, en una hora date por muerta. -No apartaba los ojos del suelo. No quería mirarme.

-En una hora estaré bien -Le espeté seria.

Elevó sus ojos, para encontrar los míos. -Veremos si aún bailas, cuando estés delante de la horca.

Me acerqué a él -¿¡Pero qué es lo que te he hecho!? ¿¡Por qué me odias!?

-No es odio, es que te amo. -Me eché para atrás al oirle decir eso. Se quitó la capucha y clavó sus ojos verdes en los míos -¡Te amo! -El grito retumbó en toda la habitación.

Me sorprendí mucho, no me esperaba que él estuviese enamorado de mi. -¿Pero qué he hecho para que me ames? Yo una pobre gitana y tú el cura de Notre Dame.

Cogió aire y empezó a hablar. -Una mañana bailabas en la plaza bajo el sol. Nunca había experimentado nada igual. Un violento escalofrío invadió todo mi cuerpo ¡Oh todavía me acuerdo! -Sus ojos se tornaron cristalinos. -Desde ese día cuando miro mi cara en el espejo, creo ver a Lucifer... aparecer en mi lugar -Comentó temeroso.

Eché mis sentimientos por él a un lado. No permitiría que un hombre sintiese algo así por mí. Eso no era amor, ni mucho menos. -Dentro de poco saldré de aquí, bailaré y cantaré mis canciones gitanas de nuevo, bajo el sol. Y tú no podrás impedirlo. Acércate si tienes valor. -Grité dándole un golpe al suelo con el pie, haciendo que se asustara y se echó para atrás -¡Morirás en mis manos!, y si no lo haces, serás un loco celoso. -El odio gobernaba mi cuerpo -Seré de cualquier otro hombre menos de tí. Le entregaré mi amor y a tí ¡Jamás! ¡Nunca lo tendrás!

-No te pido más que un instante de placer. -Le di la espalda, no quería ni mirarlo, era un monstruo -Te doy la decisión. Es la horca o yo, la muerte o el amor, es la tumba o mi cama -Me agarró de las caderas y me tiró hacia él. -¡Tú solo tienes que decir ‘’sí’’! -Forcejeé con él y conseguí escapar de sus manos. Rápidamente me pegué a la pared, lo más alejada posible -Si dejo que te vayas, te prometo que te entregaré a tus hermanos los gitanos, a tus hermanos de Satanás.

-No solo me pides que me acueste contigo, sino que encima me chantajeas. ¿Quién crees que soy yo para que me pidas tal cosa? -Me aferré más al muro.=#0000cc]-De verdad que os dejaré escapar. E incluso haré que os acepten como ciudadanos. -Dió un paso más adelante y apreté más la pared, sintiendo como se me clavaba en la espalda. -Tienes mi palabra.

-¡Tú palabra no vale una mierda! -Le grité dándole un empujón.

-Atenea permíteme que te lleve conmigo a mi casa y te juro que mañana voy junto a tí a liberar a tu familia.

La angustia del momento se desahogó en mis ojos -No lo intentes que te voy a decir que no.

-Piensa en ellos, no solo en ti. ¿Qué crees que pensaran si se enteran, que podían haberse salvado gracias a tí, y tu dijiste que no?

No podía hacerles eso a ellos. Merecen la libertad. Y la solución la tenía yo en mis manos. -Sí.

-¿Sí? -Me preguntó asombrado.

-Haría cualquier cosa por ellos.

-No intentes escapar porque sino… -Me advirtió.

-No lo haré. -Le respondí seriamente.

-Me fiaré de ti. -Me cogió la mano y salió conmigo de la celda. Caminamos por los largos pasillos de la cárcel, hasta que llegamos a la entrada, donde se encontraban unos policías. -Agentes esta chica es inocente de cualquier crimen del que se le ha acusado. Me equivoqué con ella. Debe ser soltada.

-¿Y qué hago con los demás? -Miré rápidamente a Frollo.

-Los liberaré mañana. -Se giró para mirarme -Si es que se lo merecen.

-Como quiera Padre Frollo. -Abrió la puerta y salimos.

Me cogió más fuerte la mano. Me costaba bastante seguirle el ritmo. Cada zancada suya, eran tres pasos míos. Hasta que por fin se paró enfrente de una casa.




-¿Esta es tú casa? -Le pregunté impresionada.

-Sí. -Me dió un ligero tirón del brazo para seguir andando. Entramos dentro y otra sorpresa me llevé. Era una casa impresionante.




-Frollo, se que tú no quieres hacer esto.

-Sí quiero. -Su voz era grave y cruel. -Necesito hacer esto para acabar de una vez con todos mis sentimientos.

-No me vas a hacer daño, ¿verdad? -Le pregunté nerviosa.

-Nunca te haría daño, ¿por qué piensas eso? -Ahora su voz era dulce, al igual que sus ojos. ¡Qué cambiante!

-Porque ya lo hiciste una vez.

-Fui obligado por Patrick. Era eso, o me mataban. Yo no quería ni tú muerte ni la mía. Por eso lo hice.

-¿Por qué Patrick te pidió tal cosa?

-Porque solo te quería por tu cuerpo. Y al ver que habías sido tú la que le apuñaló, cambió su opinión sobre tí.

-Los hombres sois muy cambiantes y manipuladores. -Le dije con lágrimas apunto de salir.

-Yo no soy así.

-¿¡Y esto entonces qué es!? -Me estaba desesperando, a un nivel máximo.

Se quitó la sotana delante mía. -Atenea acabemos con esto de una vez. No tendrás que verme más, ni yo a tí.

Intenté varias veces decirle algo, pero no podía. -Tampoco quiero eso. -Murmuré en un tono muy bajo. -¿Vamos ya?

Caminó hacia la escalera y yo detrás suya. Subimos hasta la segunda planta, y anduvimos por el pasillo hasta su dormitorio.




Me giré hacia él y lo vi muy nervioso. Se acercó a mí, y mi corazón se aceleró. Se puso enfrente mía. Tenía que levantar la cabeza muchísimo, ya que era un hombre extremadamente alto.

Agachó la cabeza un poco, al instante cerré los ojos, y sentí como posaba sus labios sobre los míos. Era la sensación más increíble de la Tierra. Sentí sus manos en mi cintura y, a continuación, le coloqué las mías en los hombros.

Introdujo su lengua en mi boca. El suelo temblaba a mis pies. Empezó a caminar hacia delante, haciendo que yo lo hiciera hacia atrás.

Dejé de besarle un momento para quitarle la camisa de cura que llevaba y después la camiseta, haciendo que quedara al descubierto, ante mis ojos, sus increíbles pectorales, sus abdominales, y sus fuertes brazos. ¡Dios que cuerpo! No era normal que un sacerdote estuviese tan bien.

Al instante, me desabrochó el camisón y lo dejó caer delante suya. Ahora mi cuerpo estaba completamente desnudo ante sus ojos. Podía ver como se le dilataban las pupilas. La verdad es que, ya no me importaba que sintiera eso por mí. Al contrario, me gustaba ver cómo se derretía.

Tragó grueso y volvió de la luna. Me puse de cuclillas, le desabroché los pantalones y se los quité, e hice lo mismo con sus boxers. Me mordí el labio al ver su longitud.

Me cogió las manos y me levantó. Volvió a besarme mientras me tumbaba en la cama, y se puso encima mía. Empezó a besarme el cuello haciendo que un montón de escalofríos recorrieran mi cuerpo.

Me separó las piernas y se colocó entre ellas. Esperó unos segundos, y me penetró. Sentí como me completaba por dentro. Sus caderas empezaron a moverse suavemente. Nada más empezar ya me sentía en el límite de algo indescriptible. Era jodidamente bueno. ¿Cómo este hombre siendo un cura puede hacer esto tan bien? Le clavé las uñas en la espalda mientras sentía como me tenía en el limbo. Era lo mejor que había experimentado en mi vida.

Me hubiera gustado que esto lo estuviéramos haciendo porque nos amábamos, no por mi libertad y la de mi familia. Me daban ganas de decirle que su amor era correspondido. Que daría cualquier cosa por cambiar nuestro destino y estar juntos hasta el fin de nuestros días. Estar en sus brazos era el paraíso, sus besos eran gloria bendita, su cuerpo un monumento. Era un hombre perfecto. Me tenía loca.

Se acercó a mi oído y empezó a susurrarme -El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. -Me devoró la boca, entre besos y mordiscos.


-Frollo... -Sentía que me poseía el placer. La habitación no dejaba de girar y se me nubló la vista. A los segundos me deshice en sus brazos con mi primer orgasmo.

Ahora lo estaba haciendo más salvaje. No pude evitar gritar. ¡Joder era como estar en el cielo!  Moví la cabeza de un lado a otro, me estaba matando a placer.

-¿Te estoy haciendo daño? -Sus ojos estaban llenos de preocupación.

-No. -Le respondí para tranquilizarlo. -No pares. -Me sentía en el limbo cada vez que sus caderas chocaban con las mías.

Aflojó el ritmo, y ahora más bien parecía una exquisita tortura. Su pelo estaba alborotado y mojado, al igual que su rostro y su pecho. Estaba súper sensual. Nunca olvidaría esa imagen.

A los minutos llegamos al final, juntos. Cayó al lado mío en al cama, agotado. -No sabía el por que al gente decía que el sexo era lo mejor. Ahora les doy al razón.

-No podría estar más de acuerdo. -Dije apenas sin aliento.


Me acerqué más a él y apoyé mi cabeza en su pecho. Me cubrió con sus brazos y me relajé escuchando su corazón latir. Me acarició el pelo con sus dedos. Me tranquilicé del todo y caí en un profundo sueño.





CONTINUARÁ...
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